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Vivir fuera de la patria: migración, auge y decadencia. El aporte de los italianos en la arquitectura y la construcción de Guayaquil

  • Francisco Gagliardo
  • 24 mar 2024
  • 27 Min. de lectura

No podemos embarcarnos en un viaje a través del tiempo, pensar en Guayaquil y su proceso histórico sin considerar a los migrantes italianos que, desde la época colonial, se tiene registro de sus exploraciones por el continente americano y concretamente en Guayaquil. Comenzó con exploradores de manera esporádica, evadiendo los controles migratorios de los reinados españoles y pronto se convirtió en una necesidad, un escape, una esperanza de una mejor vida con una Italia que atravesaba situaciones complejas, inestabilidad económica y social, los italianos se embarcaron en un viaje hacía un destino incierto, con muchos deseos de superación. Atravesaron penurias y sacrificios, en New York fueron apodados como “undesirable people”, sin embargo, en Guayaquil, fue todo un éxito, lograron insertarse en la sociedad, desenvolverse en casi todos los campos como la agricultura, el comercio, la gastronomía, la industria, la aviación, el culto, la política, la academia, la banca, el arte, la cultura, la arquitectura, y la música, por mencionar unos cuantos, alcanzando el prestigio y colocarse en la elite económica de la ciudad.


Sus profesionales, arquitectos, ingenieros, y hábiles escultores, graduados en las politécnicas y la Escuela de Bellas Artes de Italia y su contribución a la arquitectura de la ciudad, un legado de su hábil manejo del diseño y la construcción. Un dominio de los movimientos arquitectónicos, permitiéndoles diseñar y edificar, iglesias, cárceles, hospitales, residencias, palacios, edificios gubernamentales, espacios públicos, monumentos, bibliotecas, cementerios, entre otros, edificios que hoy, son patrimoniales y son toda una exposición artística de movimientos neoclásicos, neogóticos, Art Déco, Art Nouveau y el racionalismo. Utilizando nuevas técnicas constructivas, migrando de la madera hacia el hormigón, fundarán la primera Escuela de Arquitectura del país, y a mi criterio, teniendo al arquitecto más importante de la ciudad de Guayaquil de principios del siglo XX, Francesco Maccaferri Colli.


Además, realizaremos un recorrido de los sucesos históricos que fueron modificando no solo la arquitectura sino la percepción y posición social de los italianos en la ciudad, haciendo decaer las cifras migratorias en el país. Como el contexto internacional político y económico afectaron a Ecuador, las guerras y principalmente la Segunda Guerra Mundial, desató una ola de represivas medidas en contra de los migrantes del Eje, vulnerando sus derechos, siendo privados de su libertad y enviados a campos de concentración, mediante el uso de la Lista Negra promovida por el gobierno de los Estados Unidos. Veremos testimonios, ejemplos de ataques a los sectores corporativos de los italianos, experiencias personales como la de Francesco Maccaferri, y cómo se abre el camino para los primeros arquitectos ecuatorianos que tomarán la posta a partir de la Segunda Guerra Mundial.


El presente ensayo, es una síntesis de recopilación histórica de los italianos en Guayaquil, que pretende resaltar el lazo profundo histórico entre Italia y Ecuador, permitiendo la crítica y la reflexión observando la contribución de los italianos en la identidad nacional y cómo al día de hoy se vive un proceso migratorio en sentido opuesto, teniendo a los ecuatorianos prefiriendo migrar hacia Italia, permitiendo que una vez más, se escriba otro capítulo de los lazos entre ambos países.

 


Brigante o migrante

Para tener un punto de partida, debemos remontarnos al “siglo de los descubrimientos” (XVI), precisamente entre los años 1541 y 1556. Han pasado 55 años desde que “La Niña”, “La Pinta” y “La Santa María” unieron dos mundos a partir de sus expediciones, 15 años desde el arribo de conquistadores españoles a América del Sur y 14 años de la muerte de Atahualpa. Pero es precisamente donde podemos encontrar el primer registro de un italiano que pasó por Guayaquil. Un joven comerciante y explorador de origen milanés, Girolamo Benzoni, quien en su libro “La Historia del Mondo Nvuovo” publicado en Venecia en 1565, narra su paso por Guayaquil, Portoviejo y Quito. Benzoni nos cuenta principalmente sobre sus costas, asentamientos indígenas, tierras fértiles, cultura manteño-huancavilca, presencia española y trata de esclavos. Esto no solo nos entrega un relato histórico de la época hispánica, sino que podemos intuir que, con la publicación de su libro sobre su expedición a América, Guayaquil empezaba a darse a conocer por la comunidad lectora italiana.


A pesar de que luego de Benzoni, no hay mayores relatos de exploradores ni aun acontece ningún proceso migratorio relevante, ¿a qué se debía que teniendo un punto de partida no se visualizaban migraciones masivas? Según Chiara Pagnotta (2016) esto fue debido a que el 

pacto colonial entre dominios españoles y la madre patria no permitía el libre acceso a los territorios españoles en América y la emigración desde la península italiana hacia los dominios españoles era permitida solo si se trataba de súbditos de los reinos españoles en Italia o de súbditos de reinos “amigos”. (pp. 25-26)


Sin embargo, existen otras descripciones posteriores como la del Padre Jesuita Mario Cicala de origen siciliano quien en 1771 relata como Guayaquil estaba dividida entre la Ciudad Vieja y la Ciudad Nueva. La Ciudad Vieja ubicada entre el barrio Las Peñas hasta el pie del Cerro Santa Ana y la Ciudad Nueva ubicada una legua hacía el sur. Según Cicala, la influencia del clima y el cielo hacía que la gente de Guayaquil se caracterizara por su capacidad e ingenio, humorismo y cortesía, cualidades presentes tanto en hombres como en mujeres. Otros viajeros italianos que llegaron a la ciudad fueron el Padre Coleti, Gaetano Osculati y el Dr. Enrico Festa.


Haciendo recuento de la migración italiana en Ecuador se establece que: “Entre 1798 y 1822 el 3% de los inmigrantes de Guayaquil procedían de Italia” (Jurado, 2002, p.56), en este periodo de reordenamiento del territorio algunos italianos contribuyeron económicamente al financiamiento de la guerra de independencia del territorio ecuatoriano. A finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX se produjo una emigración italiana caracterizada por el ingreso de los italianos en las elites de Quito y Guayaquil, logrado por el éxito de sus comercios y las alianzas matrimoniales con mujeres de la aristocracia. En 1835 bajo un gobierno liberal se afirmaba la necesidad de progreso, paulatina secularización de la sociedad, que llevaba consigo la apertura del país hacia al exterior, esto acompañado de que la inmigración era vista como un instrumento de cambio social y modernización. Cautivados por Europa, el alarde de la cultura y la revolución industrial creaban el deseo de “superar el estado de “barbarie” de la sociedad y buscar el “mejoramiento de la raza” a través de la inmigración europea sobre todo anglosajona o alemana - y la paulatina secularización del estado” (Pagnotta, 2016, p.34 y 34)   Para 1855 eran alrededor de 100 los italianos residentes en Guayaquil.

 

En Guayaquil parecían ser bien recibidos los italianos y se encontraban dentro de la élite local, sin embargo, en Estados Unidos era un panorama distinto. Los italianos tuvieron bastantes dificultades para conseguir trabajo dado que Estados Unidos buscaba mano de obra calificada para poder seguir alimentando aquel fenómeno llamado revolución industrial. Los agricultores italianos fueron nombrados como “undesirable people”, siendo discriminados algunos con analfabetismo hizo que muchos italianos terminaran refugiándose en Little Italy en Manhattan, considerado uno de los barrios más pobres de la época. No es de extrañar que estas situaciones precarias dieron paso pensamientos como “o brigante o migrante” y fueron la cuna para el nacimiento de algunos gánster italoestadounidense como, Johnny Torrio, Frankie Yale, y el famoso Al Capone.


¿Qué sucedía paralelamente en Italia para que se hubiera despertado el interés por migrar a América? Italia atravesaba problemas económicos, pobreza y desempleo, así lo describía el Prefetto di Vicenza en 1890:


All'emigrazione si abbandonano moltissimi contadini, i quali vi devono essere spinti non tanto dalla speranza di trovare in America di che arricchire rapidamente, quanto dalla impossibilità di campare più oltre la vita nella loro patria, sia pure adattandosi a disagi e sacrifici di ogni maniera. [1](citado por Grossi y Rosoli, 1976, p. 5)


Además, había situaciones como las de Calabria:


Le terre sconvolte, malariche, minate dalle alluvioni, dai terremoti, le più ricche colture afflitte dalla mosca olearia, dalla fillossera; la possidenza retriva e assenteista, il patto agrario smungente, il salario a livello della fame, la pastoriza rarefatta e  morente, nullo lo spirito di associazione e di organizzazione; le finanze comunali in pessimo stato, l`istruzione primaria lacrimevole, i servizi pubblici inadeguati, le abitazioni misere e malsane, l´agglomerato massimo, l´alimentazione bassissima..[2] (En De Nobili, 1908, en Grossi y Rosoli, 1976, p.5)


Estas situaciones provocaron agitación política y movimientos como el risorgimento italiano que desató conflictos internos y militares además de persecuciones con un servicio militar obligatorio. Estos eventos hacían que Italia no sea atractivo, con periodos de inestabilidad que hacía que los italianos vean América como una posibilidad de encontrar trabajo, mejorar sus vidas, tener acceso a tierras y e irse reunificando poco a poco con sus familiares que ya hayan emprendido el viaje. El punto de partida principal era Génova que funcionaba como puerto hacia América, en su mayoría comerciantes y de zonas rurales, siendo su principal destino, Estados Unidos y Argentina. La comunidad italiana estaba compuesta principalmente por personas provenientes de Liguria, Nápoles, Cosenza y Potenza. Siendo predominante en Guayaquil provenientes de Liguria que se entendía por qué preferían quedarse en Guayaquil cerca de la costa.


[1] Muchos agricultores se abandonan a la emigración, los cuales se dejaban llevar no tanto por la esperanza de encontrar algo con lo que enriquecerse rápidamente en América, sino por la imposibilidad de vivir más en su patria, aunque debieran adaptarse a penurias y sacrificios de todo tipo.

 

[2] Las tierras devastadas, palúdicas, minadas por inundaciones, terremotos, las cosechas más ricas azotadas por la mosca del petróleo, por la filoxera; la propiedad agraria atrasada y ausente, el débil pacto agrario, los salarios a niveles de hambre, el pastoreo enrarecido y moribundo, el nulo espíritu de asociación y organización; las finanzas municipales en pésimas condiciones, educación primaria deficiente, servicios públicos inadecuados, viviendas deficientes e insalubres, máxima aglomeración, muy baja nutrición.


Al llegar a la mitad del siglo XIX, las familias italianas en Guayaquil se contaban por decenas y el numero crecía año a año. El auge de la producción cacaotera y otras materias primas, así como la confección de artesanías como los sombreros de paja toquilla, hacia atractivo el comercio exportador desde Guayaquil, a la vez que los productos provenientes de Italia como vinos, conservas y especies, tenían una buena acogida en el público, produciéndose el intercambio que incentivaba a los comerciantes. (Sánchez, 2008 pp. 15 y 16).


¿Como fue el viaje de los italianos hacia Guayaquil? Según Jenny Estrada (1993) estos viajeros:


  Llegaban a bordo de grandes veleros tipo goleta bergantín, los mismo que en itinerarios regulares cumplían dilatados periplos por el atlántico y después de hacer escala obligatoria en Montevideo y Buenos Aires, avanzaban hacía el Cabo de Hornos y tomando la ruta de Magallanes, subían bordeando las costas de Chile y Perú. (p.18)


Figura 1 Emigrantes en cubierta del buque a vapor Patricia. (Grossi y Rosoli, 1976 p. 13)


Muchos hermanos partían en conjunto desde Italia, unos se iban quedando en diferentes destinos lo cual hacía que la misma familia y apellidos vaya dejando sus descendientes en distintos lugares. Por lo tanto, podremos incluso encontrar los mismos apellidos en diferentes países que tienen un origen en común en estos tiempos migratorios. ¿Qué hacía que los italianos vayan quedándose en destinos que quizás no previeron inicialmente? Entendemos que algunos factores eran los desembarcos aleatorios y paradas que les tocaban hacer, muchos encontraban trabajo o se enamoraban y empezaban a formar una familia, además, las situaciones insalubres de las embarcaciones y de la época también hacían posible que muchos no puedan llegar a su destino y fallecían en su búsqueda de América.


Para finales del siglo XIX los italianos conformaban la colonia extranjera más numerosa de Guayaquil, a la par que empezaban las grandes migraciones desde Italia. Debido a la guerra del Pacífico entre Chile y Perú de 1884, muchos italianos que se habían asentado en estos países también llegaron a Guayaquil lo que hizo que su población aumentara a 500 aproximadamente. Los lazos diplomáticos entre Ecuador e Italia también se comenzaron a fortalecer, lo que se evidencia en dos hechos: el primero, el nombramiento del comerciante Niccoló Norero como representante consular en Guayaquil, con jurisdicción para toda la república y, “la firma del tratado de amistad, comercio y navegación entre Italia y Ecuador” realizada durante el gobierno del General Eloy Alfaro, quien por este hecho fue condecorado por el gobierno de Italia (Estrada,1993).


Para inicios del siglo XX, el tipo de emigrante ya no provenía mayoritariamente de zonas rurales sino eran profesionales y técnicos que tenían participación en la industria, el comercio, la construcción, la agricultura, la aviación, la banca, la hostelería, entre otros. Las asociaciones y organizaciones italianas como la Sociedad Italiana Garibaldi, la Sociedad Dante Alighieri, la Casa del Fascio, la Liga Naval Italiana, el Touring Club Italiano y las empresas de capital italiano como la fábrica La Universal, La Compañía Italiana de Construcciones, el Banco Italiano, Casa Tosi, De Prati, y fabricación de bebidas icónicas como” Fioravanti” entre otros, marcaban la presencia y la época de mayor influencia sobre todo en el período entre guerras.


En publicaciones de la época se describía como “El italiano de los años treinta se percibe a sí mismo como una persona de mente ágil para los negocios, calculador y previsto en los resultados, trabajador tenaz que atesora el fruto de su trabajo” (Aliprandi y Martini,1930, s/p) y cómo:


Con estos atributos se insertaron en la sociedad ecuatoriana, alcanzaron prestigio personal y como grupo; su experiencia en el comercio fue reconocida, y se acoplaron a la elite económica del país, alcanzando también una posición social importante; se involucraron sobre todo en el comercio, la industria y la agricultura. (Del Pino y otros, 2012, p.32)


De tal manera que, para 1930, “no se conoce en Guayaquil un italiano que viva en condición económica de pobreza.” (Aliprandi y Martini,1930, s/p)


Italia en Guayaquil: arquitectura y construcción


La arquitectura no tardó en ser parte del legado de los italianos en Guayaquil. Su contribución no se limitó a la construcción de edificaciones, sino fue una completa exhibición de una de las bellas artes mostrando sus capacidades como diseñadores ejecutando proyectos representativos neoclásicos,  neogóticos, racionalistas, Art Déco y Art Nouveau, aplicando nuevas tecnologías y procesos constructivos que les permitieron conformar empresas constructoras con una inserción en la sociedad dando como resultado el diseño y construcción de iglesias, cárceles, hospitales, residencias, palacios, edificios gubernamentales, espacios públicos, monumentos, bibliotecas, cementerios, entre otros. Además, con destacadas contribuciones artísticas y escultóricas y con un legado en la academia con la primera escuela de arquitectura de Guayaquil y formación de artesanos.


¿Como era el contexto de Guayaquil previo a estas intervenciones? Según Compte (2012) la arquitectura


 … la conformaban -en su mayoría- edificaciones de madera, de planta baja, destinada generalmente a tiendas y bodegas; y dos plantas superiores utilizadas para vivienda. Unas pocas casas estaban hechas de ladrillo, y en las zonas más pobres, persistía la construcción con caña. (p. 62)


El Gran Incendio de 1896, que dio fin al siglo XIX, dejó cerca de 33.000 habitantes sin hogar de un total aproximado de 59.000 personas, donde el fuego consumió 1103 casas y edificios de los 4265 existentes en la época, marcó un punto de partida para la reconstrucción de la ciudad de la mano del Municipio que aprobó la propuesta del ingeniero francés Gastón Thoret que planteaba la continuación de la ciudad nueva mediante la trama urbana tipo damero. En el concurso municipal también participaron los italianos Américo Cassara y Rocco Queirolo.


El arquitecto Rocco Queirolo, de origen genovés, fue uno de los primeros arquitectos de la ciudad y el más representativo del siglo XIX. Llegó contratado como Arquitecto del Municipio y en 1886 proyectó la Cárcel Pública Municipal considerado el “...primer edificio de mampostería de Guayaquil… edificado con muros portantes de ladrillo y cemento y pisos de madera.” (Compte, 2012 p. 64). Se conoce tambien como en el año 1900 “…donó a la ciudad el proyecto de la Iglesia de San Francisco, ya que el templo anterior había sido destruido en el Gran Incendio de 1896” y que su ultimo proyecto, en 1902, “fue la Casona Universitaria, sede de la Universidad de Guayaquil, que sería construida en 1903” (Compte, 2012, p.64) luego de su fallecimiento.



Figura 2 Cárcel Publica Municipal c.1909. Archivo Nacional de Fotografía.





Figura 3 Iglesia de San Francisco c.1900. Archivo Nacional de Fotografía.



Figura 4 Casona de la Universidad de Guayaquil C.1903. Archivo Nacional de Fotografía.


Francesco Maccaferri Colli, de origen lombardo, fue probablemente el arquitecto más destacado en Guayaquil en el siglo XX, tanto por su aportación a la academia, por su cantidad de obras, por sus inicios desde muy joven, su amplio repertorio de dominio y aplicación de lenguajes arquitectónicos, como su adaptabilidad al cambio, por lo que sus obras se convirtieron en hitos de la ciudad.


Realizó sus estudios entre 1914 y 1922, tiempo en el cual también realizó su servicio militar en la Abisinia italiana (1917-1920). En 1922, se graduó de Profesore di Disegno en el Real Instituto de Bellas Artes de Bolonia. Ese mismo año con tan solo 25 años de edad participó en el concurso del diseño del Palacio Municipal de Guayaquil del cual resultó ganador. En su diseño tomó como referencia a la Galería Vittorio Emanuele II y para su construcción “…en 1923, la Compañía Italiana de Construcciones lo contrató para la dirección y asistencia artística… por lo que se trasladó al Ecuador.” (Compte, 2022, p.8). La Compañía Italiana de Construcciones también contrató al escultor Emilio Soro Lenti para desarrollar los acabados y los elementos decorativos interiores y exteriores, quien fundó el Taller Soro que todavía funciona en la actualidad a cargo de sus descendientes.



Figura 5 y 6 A la izquierda vista a la galería, hacía el río del Palacio Municipal de Guayaquil, c.1928. Archivo Histórico Camilo Destruge. A la derecha Gallería Vittorio Emanuele II, Milán, (https://www.paesionline.it/italia/monumenti-ed-edifici-storici-milano/galleria-vittorio-emanuele-ii)



Figura 7 Palacio Municipal de Guayaquil, (Fotografía Ricardo Bohórquez), 2019. Archivo de Florencio Compte, Guayaquil.


Por esos mismos años, la Junta de Beneficencia de Guayaquil decidió realizar el primer hospital de hormigón armado para evitar los estragos que causaban los incendios a las edificaciones de madera. El proyecto inicial del que se llamó Palacio del Hospital General (actual Hospital Luis Vernaza) fue “suscrito por Giovanni Lignarolo, integrante de la compañía constructora IDEM (italiana di Edificazione Milano)” y “se inició la construcción del nuevo edificio en febrero de 1922. Este proyecto fue modificado por Maccaferri en 1923, quien le añadió un piso y rediseñó la fachada.” (Compte, 2022, p.71). Finalmente, la Compañía Italiana de Construcciones encargó la dirección arquitectónica a Paolo Russo, la “asistencia artística” al propio Macaferri y la dirección técnica a Luigi Fratta, “mientras los elementos ornamentales clásicos fueron encargados al escultor italiano Emilio Soro Lenti” (Compte, 2022, p.72).


La Compañía Italiana de Construcciones también contó con el Ing. Arnaldo Rufilli nacido en Forli, Italia, quien llegó a ocupar el cargo de gerente y director técnico, así como Luiggi Fratta nacido en Ferrara, Italia, quien ejerció como constructor para la compañía por su formación como técnico especializado en construcción de hormigón armado.


El reconocimiento de Maccaferri como arquitecto fue en aumento por las obras que realizaba, por lo que los premios no se hicieron esperar, como los otorgados por la Municipalidad de Guayaquil a los proyectos Edificio Janer y Edificio Izquieta Pérez en 1924 -más tarde denominado Premio Ornato-.


En 1923, Maccaferri fue contratado para el diseño de la fachada principal y lateral de la Iglesia San José, que había quedado inconclusa desde 1905, y, al año siguiente, la Compañía Italiana de Construcciones inició la construcción que concluyó uno año después.


En el Recordatorio de 1907, publicado a raíz de la inauguración de la nave del templo jesuita se lo describía de la siguiente manera:


El estilo arquitectónico de la obra es el romance o lombardo, derivado del bizantino, que imperó en la construcción de los edificios religiosos y monásticos desde principios del siglo XI y hasta mediados del siglo XII. Fue este el estilo de los primeros templos del cristianismo triunfante. Las Ciencias y las Artes, salvadas del Feudalismo por los monjes, encontraron en sus manos, algo así como un Renacimiento, cuya más importante manifestación fue la manifestación del estilo romance, llamado también monástico o monacal, en memoria de sus creadores. Los monjes como era natural, transmitieron al Nuevo Estilo, el sentimiento de austeridad que envolvía a sus almas. Si no puede reclamar para él, toda la originalidad deseable, es innegable su belleza y sobriedad. Las grandes características de este estilo, son: La aplicación del arco de medio punto, hasta en sus menores detalles de ornamentación; la múltiple penetración de bóvedas, para cubrir los edificios; la desaparición del capitel cubico. En la Iglesia de San José se ha tratado de seguir las huellas de este estilo en la medida de los recursos con que se ha contado. Por razones de economía, ha sido forzoso aceptar la aplicación de techos planos en lugar de bóvedas. (Mesías S.J, 1982, p.29)



Figura 8 Edificio Guzmán Marcos. (Fotografía Ricardo Bohórquez), 2019. Archivo de Florencio Compte, Guayaquil.


La adaptabilidad y destreza de Maccaferri como arquitecto también se puede evidenciar en el Edificio Guzmán Marcos de 1929 y el Edificio Cucalón de 1940, donde además de cumplir con los requerimientos de sus clientes se posicionaba en la vanguardia. Acerca del edificio Guzmán Marcos, realizado para uno de los mayores exportadores de cacao de la época, Lucciana Maccaferri relata lo siguiente:


Los esposos Guzmán-Marcos le pidieron a mi padre que deseaban el edificio en estilo francés parecido a una casa en la que ellos vivieron en París. Parece que así fue. Mi padre les interpretó la idea y los propietarios quedaron muy contentos. (Compte, 2022, p.117)


La versatilidad de Macafferri al ejecutar un proyecto Art Nouveau, con la colaboración en los detalles y ornamentación por parte del escultor Emilio Soro Lenti, nos permite tener hoy un edificio patrimonial donde luego de su restauración en 2018 a cargo de la Municipalidad de Guayaquil funciona en la actualidad el Museo Nacional del Cacao Guayaquil donde muestra la historia del cacao en Ecuador y su riqueza cultural.



Figura 9 Edificio M.E. Cucalón. (Fotografía Ricardo Bohórquez), 2019. Archivo de Florencio Compte, Guayaquil.


Por otro lado, el Edificio Cucalón es una muestra de la modernidad racionalista de la época donde Maccaferri realizó una composición volumétrica tipo náutica, uno de sus mejores ejemplares de este tipo, por lo que se considera pionero de la arquitectura moderna en el Ecuador. Macafferri además, realizó proyectos residenciales racionalistas como la Villa Lofruscio Parodi, la Villa Maccaferri Parodi y la Villa Parodi Valverde. Sin dudas fue el arquitecto italiano más influyente de principios del siglo XX con al menos 50 proyectos verificados en la ciudad.[3] 




Figura 10 Edifico Diario El Telégrafo. Archivo Florencio Compte, Guayaquil.


[3] Ver el libro de Florencio Compte “La producción arquitectónica de Francesco Maccaferri y su relación con los cambios en la arquitectura de Guayaquil”, 2022.


Otro arquitecto y escultor destacado de la época fue Hugo Faggioni, chileno de padres italianos, quien realizó proyectos como el Edificio Diario El Telégrafo, el más alto del Ecuador hasta 1938, con un piso añadido que continúa el lenguaje arquitectónico neoclásico, pero a su vez le da un remate como elemento diferenciador. Dos años después de su construcción se colocó un reloj público en su torre esquinera que inicialmente fue proyectado con un remate escultórico en bronce proyectado por Enrico Pacciani que consistía en unos atlantes que sostenían un globo terráqueo, sin embargo, este remate nunca se ejecutó. Otros edificios neoclásicos de Faggioni fueron el Juan Illingworth en 1924 que tuvo el primer ascensor de Guayaquil y el Banco La Previsora que recibió el Premio del Concejo Cantonal a la Mejor Edificación. Faggioni también ejerció en Loja en la construcción de la Basílica de Nuestra Señora del Cisne en 1932, donde permaneció hasta su fallecimiento.



Figura 11 Edificio Banco La Previsora, c.1929. Archivo Nacional de Fotografía.


Pietro Fontana fue gerente del Departamento Técnico de la Sociedad Bancaria Chimborazo entre 1924 y 1926 realizando proyectos públicos y privados, como: en 1924 la casa Enrique Sotomayor y Luna; en 1925, la Sociedad de Abastecedores de Carne, la Casa Luis García, la Sociedad Continental, el Edificio P. Ycaza 734 y García Avilés (demolido), el Edificio de Colón 936 y Noguchi; y en 1926, el Edificio Alejo Madinyá, el Edificio Víctor Ríos y el Edificio Lizardo García. A partir de 1927, luego de la quiebra de esta empresa, realizó proyectos de manera independiente como el Edificio Herederos Aspiazu, el Colegio Profesional Municipal y el Edificio Martín Avilés (Grand Hotel), posteriormente en 1930 fijó su residencia en Colombia.


La arquitectura funeraria fue otro de los aportes de los italianos con destacados escultores como Augusto Faggioni Vannuncci y Enrico Paccianni Fornari. El Cementerio General de Guayaquil fue declarado Patrimonio Cultural en el 2003 y cuenta con monumentos, esculturas, mausoleos y lápidas realizadas por italianos. Pacciani nacido en San Remo, Italia, fue formado como escultor en la Escuela de Bellas Artes de Génova donde obtuvo su reconocimiento como escultor con obras como el cementerio de Staglieno y fue premiado en la Exposición Internacional de Escultura de Nápoles. Fue así como recibió en 1925 la oferta para laborar en Ecuador “…contratado por José Abel Castillo, propietario del Diario El Telégrafo, para erigir en el cementerio de Guayaquil el monumento funerario de su hija Celeste Graciela Castillo” (Compte, 2007, p.104). Pacciani participó también en el diseño y ornamentación de las fachadas e interiores de algunas iglesias como la Iglesia María Auxiliadora; la Iglesia San José y la Iglesia la Merced. Además, en el Cementerio General de Guayaquil “… proyectó y construyó el Monumento Funerario de Víctor Emilio Estrada; los mausoleos de las familias Burbano, Rohde Ortiz, Calero Briones y Valdano Raffo; y la capilla Pérez Perasso, en 1947; así como numerosas esculturas y monumentos funerarios” (Compte, 2007, p.105)



Figura 12 Monumento funerario a Víctor Emilio Estrada. Archivo Nacional de Fotografía.



Faggioni nacido en Carrara, Italia, participó en proyectos de monumentos funerarios y mausoleos. En 1913 regresó a Italia y su hijo Pietro asumió el taller de mármoles que había fundado su padre.


El legado de los italianos en Guayaquil también tuvo su paso por la academia, en 1929 la Universidad de Guayaquil en su crónica universitaria publicaba los siguiente:


En el próximo año escolar se inaugurará en nuestra Universidad, el curso preparatorio de Arquitectura, con el cual abre el Consejo Universitario, una nueva e importante vía profesional a la juventud estudiosa. El curso en cuestión será dictado por un competente Profesional italiano. (Compte, 2022, p.142)


Se referían a Francesco Maccaferri, quien se convirtió en el pionero de la enseñanza académica de la arquitectura en Ecuador, tercera carrera universitaria en Guayaquil luego de medicina y derecho. En 1930 se estructuró el plan de estudios de 5 años, donde Maccaferri realizó un hibrido entre el sistema artístico de Beaux Arts de Europa con un componente técnico – científico clásico de las politécnicas italianas. Este plan de estudios se estructuraba de la siguiente manera:


Primer Año Preparatorio: Dibujo Ornamental de Elementos Arquitectónicos, Dibujo Geométrico de Elementos Constructivos, Teoría de las Sombras, Perspectiva Lineal, Nomenclatura Arquitectónica, Historia de la Arquitectura, Práctica en oficinas y fábricas, Visitas a los trabajos y todas las materias de otras facultades que tengan relación con el curso de Arquitectura.


Segundo Año: Geometría Analítica y Descriptiva, Algebra Superior, Cálculo Diferencial e Integral, Mecánica Analítica, Sísmica, Física, Geología y Mineralogía General, Dibujo Arquitectónico, Construcciones Civiles, Historia de la Arquitectura, Visitas a los trabajos, Nomenclatura Arquitectónica, Práctica en oficinas y fábricas.


Tercer Año: Geometría Aplicada, Mecánica Analítica, Estabilidad de las Construcciones, Grafostática, Física, Sísmica, Mineralogía y Geología Aplicada a las Construcciones, Composición Arquitectónica, Construcciones Civiles, Historia de la Arquitectura, Ortografía, Nomenclatura arquitectónica, Conferencias de carácter artístico y técnico, Práctica en oficina y fábricas, Visitas a los trabajos.


Cuarto Año: Perspectiva, Teoría de las Sombras, Estabilidad de las Construcciones, Proyecto Arquitectónico y Constructivo, Construcciones Civiles, Historia de la Arquitectura, Topografía Práctica, Nomenclatura Arquitectónica, Higiene, Contabilidad, Leyes Aplicadas a las Construcciones, Electricidad, Práctica en oficina y fábricas, Visitas a los trabajos, Conferencias de carácter artístico y técnico.


Quinto Año: Perspectiva, Teoría de las Sombras, Estabilidad de las Construcciones, Proyecto Arquitectónico Completo, Construcciones Civiles, Historia de la Arquitectura, Ejercicios Prácticos de Topografía, Higiene, Contabilidad y Leyes Aplicadas a las Construcciones, Práctica en oficina y fábricas, Visitas a los trabajos, Conferencias de carácter artístico y técnico.” (Acta del Consejo Universitario de la Universidad de Guayaquil del 17 de marzo de 1930) (Compte, 2022, p.144)


En 1933 el italiano Arnaldo Ruffilli, para ese entonces director técnico de la Compañía Italiana de Construcciones, se sumó al cuerpo de docentes para hacerse cargo de las cátedras de Estabilidad de las Construcciones y Hormigón Armado.


En 1938 luego de su presentación de proyecto final de tesis el ecuatoriano Héctor Martínez Torres se convirtió en el primer graduado de arquitecto de esa escuela. Años mas tarde, será docente fundador de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Guayaquil y también uno de los fundadores del Colegio de Arquitectos del Guayas.


Años más tarde, en 1958, Maccaferri fue invitado a formar parte de la Escuela Superior Politécnica del Litoral convirtiéndose en uno de los 11 profesores fundadores en conjunto con Idelfonso Bohórquez, Guillermo Castro Becerra, Jaime Fabre Hanze, Jorge Gagliardo Bryant, Lutgardo López Cayetano, Raúl Maruri Diaz, Homero Ortiz Egas, Jorge Pérez Concha, Cesar Polit Mackay y Víctor Zevallos Mata (Mariscal, 2007). En esa escuela, Maccaferri dictó la materia de Dibujo Técnico hasta el año 1971 cuando se retiró de la docencia.


En 1925 Enrico Pacciani había fundado la Escuela de Bellas Artes, adscrita al Colegio Vicente Rocafuerte, donde fue profesor y director, además tuvo la colaboración de Antonio Bellolio como profesor de pintura. Bellolio era graduado de la Escuela de Bellas Artes de Quito y se perfeccionó en Francia e Italia.  En 1933 la Escuela de Bellas Artes llegó a tener 80 alumnos.



Figura 13 Curso de la primera Escuela de Arquitectura. Maccaferri, de negro de pie a la derecha, junto con los alumnos fundadores. Revista de la Universidad de Guayaquil, Año 1, numero 2, abril-mayo-junio, 1930. Biblioteca de la Universidad de Guayaquil.


De la élite a la persecución



Si los italianos se encontraban tan bien posicionados en Guayaquil, ¿qué eventos ocasionaron que su presencia y protagonismo comenzará a disminuir? Existen algunos eventos históricos que fueron afectando de manera directa e indirecta su presencia, no solo bajo un contexto local, sino también influenciado por el contexto italiano y mundial, como la Segunda Guerra Mundial y su lista negra, la Gran Depresión, la crisis financiera y las políticas inmigratorias de Ecuador, la competencia local, la reconstrucción de Italia, los eventos personales de italianos en Guayaquil y, finalmente, las migraciones inversas producto de los eventos anteriores.


En 1929 Estados Unidos luego de la Primera Guerra Mundial, se había establecido como la primera potencia mundial. El crack del 29 y la Gran Depresión afectó también a Sudamérica y Europa. Ecuador que dependía en gran medida de sus exportaciones agrícolas como el banano, el café y el cacao, a consecuencia de la Gran Depresión cuando el comercio internacional disminuyó provocó la caída de los precios y la disminución de la demanda. La Gran Depresión fue una de las causas de las cuales un joven Austriaco se erigiría como la salvación alemana ante la crisis social y económica, del cual hablaremos mas adelante.


La arquitectura, que tiene una conexión directa con la economía, históricamente se la ha utilizado para realizar obras emblemáticas como símbolo y alarde del poder económico y su alcance. En Guayaquil, el ultimo edificio neoclásico fue el Palacio Municipal que se inauguró en 1929, año en el que comenzaron las agitaciones económicas en el mundo. El cambio se dio hacia una arquitectura racionalista, menos elaborada, fue también debido a una reacción económica y esto afectó a los arquitectos y escultores que venían desde Italia para realizar obras y esculturas neoclásicas.


Ecuador a mediados de los años treinta fortaleció sus relaciones con Estados Unidos mediante un acercamiento político y económico. Este acercamiento hizo que un Ecuador con posición neutral durante la Segunda Guerra Mundial, tuviera una participación indirecta y casi obligatoria en apoyo hacía los aliados. Esto permitió que Estados Unidos colocara bases militares en Galápagos y Salinas, además de difundir el 17 de julio de 1941 por orden del presidente Roosevelt medidas represivas como La Lista Negra, que no era más que un listado de empresas y ciudadanos considerados del Eje que empezaron a sufrir persecuciones, detenciones, traslados a campos de concentración, repatriaciones, abusos a los bienes y familiares. Este listado perjudicó a miles de personas en América Latina y fue incluso difundido previo al ataque de Japón a la base militar de Pearl Harbor en el Pacífico. Durante este periodo:


…los grupos de migrantes originarios de países del Eje (Italia, Alemania y Japón) asumieron en Ecuador un protagonismo nunca antes alcanzado, volviéndose objeto de sospechas y represiones. En este periodo las identidades étnicas, los sentimientos de fidelidad, la pertenencia nacional e ideológica fueron discutidas y formaron parte del debate local e internacional (Pagnotta, 2016, p.141)


Jenny Estrada nos cuenta las medidas represivas de control de noticias y publicaciones, control de correspondencia, control de cuentas y propiedades bloqueadas, y en el control de cambios de importaciones y exportaciones, establecidas por el presidente de la Republica del Ecuador, quien en uso de sus facultades extraordinarias de que se hallaba investido por el Decreto Legislativo promulgado el 26 de septiembre de 1941, expide el decreto N 171 (Reg. Of. N438, 9 de febrero de 1942), que en sus dos primeros artículos, dispuso:


Art. 1- El Control de Cambios, Importaciones y Exportaciones, suspenderá inmediatamente todo servicio a personas naturales o jurídicas, públicas o privadas, que se encuentren incluidas en “La Lista Negra”, proclamada oficialmente por el Gobierno de los Estados Unidos de Norte América. Asimismo, al mencionado Control le esta totalmente prohibido prestar cualquier servicio o llevar a cabo cualquier transacción con las personas naturales o jurídicas, publicas o privadas que se encuentren incluidas en La Lista Negra.


Art. 2 – Todos los Bancos que operen dentro de la Republica del Ecuador y todas las Corporaciones, Compañías o Empresas que efectúen transacciones comerciales o bancarias de todo orden, con nacionales de países que están en guerra contra un país americano, quedan obligados a inmovilizar o congelar inmediatamente todos los fondos o créditos de cualquier naturaleza, incluyendo todas las propiedades en custodia, sean del carácter que fueren de dichos nacionales o de Corporaciones, Sociedades, Compañías, o Empresas que les pertenezcan. Además, de aplicarse estas disposiciones a los nacionales mencionados, se aplicará también, a todas las personas, en general, cuyos nombres consten en “La Lista Negra” oficial del Gobierno de los Estados Unidos de Norte América (Estrada, 2006, p. 28)


Paralelamente, a inicios de los años cuarenta, Ecuador entraba en disputa territorial con Perú con una inestabilidad política y social que entre 1931 y 1948 reflejó la sucesión de mas de veinte presidentes constitucionales. Tal como lo relata Compte (2019):


La guerra, que culminó con el triunfo militar del Perú y la pérdida de extensos territorios ecuatorianos en la región amazónica, se selló en 1942 con la firma en Brasil entre los dos países del Protocolo de Paz, Amistad y Límites de Río de Janeiro, que dejó al Ecuador sin salida directa al río Marañón. Lo bochornoso del acuerdo, a lo que se sumaba la situación económica manejada por un gobierno cada día estaba más distanciado de la sociedad, originó una creciente oleada de protestas de estudiantes, organizaciones de izquierda, sectores laborales y diversos grupos sociales. (p.164)


Los italianos, por otra parte, habían conformado La Casa del Fascio en Guayaquil en 1924, la cual, en 1933, contaba con 82 miembros y era el núcleo del fascismo en Ecuador. Los ingenieros Augusto Bartoli, Carlo Bartoli, Arnaldo Ruffilli y los arquitectos Paolo Russo y Antonino Russo eran miembros de esta agrupación.


De acuerdo con el testimonio de ecuatorianos los arquitectos e ingenieros italianos en Ecuador eran apreciados por su espíritu emprendedor, amigables, generadores de empleo y referentes del desarrollo que necesitaba el país, esta actitud despertó simpatía por los extranjeros y por el movimiento fascista aliado a Mussolini. Posteriormente, por la forma en que se dieron los hechos en Europa se entendió el trasfondo del fascismo en el mundo. (Del Pino, 2012, p.35)


Esto rápidamente los convirtió en objetivos de La Lista Negra. Algunos de los testimonios de las familias que fueron perseguidas como la de Otto Schwarz Wilde nacido en Hamburgo y residente en Ecuador desde 1922 quien fue apresado y deportado a un campo de concentración en Estados Unidos, en su relato nos cuenta que:


El 23 de diciembre de 1943, a las 21h00, dos oficiales del ejercito ecuatoriano vinieron a mi casa en Cuenca, pidiéndome tomar algunas pertenencias personales e informándome que tenían orden de prisión en mi contra.


El 25 de diciembre de 1943, fui conducido a Guayaquil y luego a Salinas, en compañía de otros ciudadanos extranjeros no americanos, o sea, alemanes y unos cuantos italianos. El viaje a Salinas fue supervisado por el señor Gates, del FBI. En este tiempo Salinas era una importante posesión de los Estados Unidos y estaba ocupada por el ejercito norteamericano. (Estrada, 2006, p.72)


En 1944 la esposa e hijos de Schwarz fueron desalojados de su casa y enviados al campo de concentración de Crystal City (Houston – Texas). Al igual que Schwarz, Luigi Fossati, italiano nacido en Mezzanego se encontraba en Guayaquil trabajando para la fabrica La Universal y fue apresado y deportado al mismo campo de concentración. Su esposa Lydia Montesdeoca nos relata:


Los años de encierro nos habían desconectado del mundo exterior. Recuerdo que, junto a otras señoras, cruzábamos las calles de Houston cogiéndonos de las manos, por temor a que los carros nos atropellaran. Sumándonos a las reclamaciones presentados por otros afectados, firmamos una comunicación dirigida al Gobierno ecuatoriano, consiguiendo que el presidente Velasco Ibarra ordenara el envió de un avión donde nos trajeron de vuelta en el año 1946. Nunca entenderé por que, siendo mujeres ecuatorianas, con hijos ecuatorianos, las esposas de inmigrantes italianos y alemanes colocados en La Lista Negra, fuimos vejadas y privadas de nuestros derechos, sin que nuestras autoridades hicieran algo para defendernos. (Estrada, 2006, p. 91)


Esto es solo un breve extracto de algunos de los casos presentados por Jenny Estrada, como los de Bruckmann-Breilh, Moeller- Martinez, Duffer-Albán, Piana-Bruno, Almerini Pessina, entre otros, que evidencian los abusos por parte de los norteamericanos y los británicos en suelo ecuatoriano, tanto para inmigrantes como para ecuatorianos relacionados a ellos. Además, de los inmigrantes que fueron enviados directamente a Alemania para utilizarlos como canje de prisioneros.



El Banco Italiano fue un ejemplo de las persecuciones corporativas, ya que en el directorio estaba compuesto por italianos que simpatizaban con el movimiento fascista local, quienes fueron rápidamente incluidos en La Lista Negra norteamericana y británica. Por esa razón el banco cambió su nombre a Banco de Guayaquil en 1941 y designó al español Julio Guillén como presidente del nuevo directorio, lo que permitió que al año siguiente el Banco de Guayaquil fuera excluido de La Lista Negra.

Sin dudas, con un Ecuador inestable social y económicamente, los migrantes italianos siendo perseguidos por norteamericanos y británicos, una arquitectura que pasaba del neoclásico al racionalismo, hizo que el contexto no sea el mejor para desenvolverse profesionalmente para un arquitecto italiano. Francesco Maccaferri que se adaptaba muy bien al cambio tuvo que atravesar un difícil momento cuando el 13 de mayo de 1942 un terremoto de 7.9 en escala Richter causó el derrumbe del edificio Manuel Cucalón, ubicado en la esquina de las calles Colón y Pichincha, donde más de una decena de personas fallecieron al ser sepultadas bajo los escombros. El edificio había sido diseñado por Maccaferri y construido por su oficina técnica en 1936, por lo que recibió una demanda civil y penal, la cual, luego de un extenso juicio, se determinó que no tenía responsabilidad alguna al no haber realizado los cálculos de estabilidad y al haber delegado la dirección de la obra. A consecuencia de ese evento Maccaferri abandonó su profesión como arquitecto y constructor, sin embargo, volvió a ejercer en Italia en 1957.


El mismo Maccaferri que promovió la academia de la arquitectura, dio paso a la primera generación de arquitectos ecuatorianos, con Héctor Martínez Torres como el primer graduado, que permitió que se pueda encontrar arquitectos locales sin necesidad de traer profesionales del exterior. Poco años después se le sumaron otros graduados como Rafael Rivas Nevárez, Manuel Gambarrotti Gavilánez, Oscar Granja Torres, Juan Péndola Avegno, Pablo Graf Rosas y Félix Henríques Fuentes. Esto supuso una mayor oferta local ante una creciente demanda que permitió que los ecuatorianos fueran protagonistas, a partir de los años cincuenta, en el desarrollo de la ciudad como en los trazados urbanos de Urdesa, Miraflores y Los Ceibos.


La migración disminuyó significativamente luego de la Segunda Guerra Mundial debido a que el “milagro económico” proporcionó en la reconstrucción de Italia oportunidades de empleo y mejores condiciones de vida. Por otra parte, las políticas migratorias de Estados Unidos que priorizaron la mano de obra calificada hicieron que la curva de migración siguiera bajando. La presencia de los italianos en Guayaquil no fue igual, ya que muchos huyeron, otros regresaron a Italia, otros fallecieron sin descendencia, y los que si la tuvieron se establecieron como ecuatorianos, aunque siempre llevando en su apellido el legado de sus antepasados. No fue sino hasta finales del siglo XX que se da el fenómeno migratorio en sentido inverso como nos indica Jenny Estrada (1993) “En términos comparativos, la migración masiva de ecuatorianos por vía legal hacía Italia se produce a partir de 1990 y en forma ascendente hasta 2007”, siendo Italia el tercer destino de emigración ecuatoriana hacía Europa con la mayor concentración de ecuatorianos en Milán, Génova y Roma. A finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI los ecuatorianos eran la mayor concentración de latinos en suelo italiano, donde hoy se estima que supera las 100.000 personas.


Bibliografía

Aliprandi, E. y Martini, V. (1930) Gli Italiani in Equatore. Rassegna delle vite e delle opere della stirpe itálica in terra equatoriana. Guayaquil: Artes Gráficas, Senefelder.


Bruno, C. (2007). Raíces de dos familias. Guayaquil: Clara Bruno de Piana.


Castañeda, E. (2014). Lazos culturales Relatos sobre la inmigración italiana en Ecuador. Guayaquil: Estela Castañeda Macías.


Compte, F. (2022). La producción arquitectónica de Francesco Maccaferri y su relación con los cambios en la arquitectura de Guayaquil. (1923-1942). Guayaquil: Universidad Católica de Santiago de Guayaquil.


Compte, F. (2010). Maccaferri. El primer Moderno. Arqueologías de la arquitectura de Guayaquil N1. Guayaquil: Museo Municipal de Guayaquil.


Compte, F. (2007). Arquitectos de Guayaquil. Guayaquil: Universidad Católica de Santiago de Guayaquil.


D´aniello, Z. (2009) La Inmigración Italiana en Ecuador en los años 20. Quito: Ediecuatorial


Del Pino, I. Compte, F. y Cepeda, F. (2012) italianos en la arquitectura de Ecuador. Quito: Centro de Publicaciones PUCE.


Embajada de Italia (editor) (2008). Los italianos y el País de la Mitad del Mundo. Quito: Ediecuatorial.


Estrada, J. (1993). Los italianos de Guayaquil. Guayaquil: Poligráfica.


Estrada, J. (2006). II Guerra Mundial lista negra en Ecuador. Guayaquil: Poligráfica.


Grossi, O. y Rosli, G. (1976) Il pane duro. Elementi per una storia dell´emigrazione italiana di massa (1861-1915). Roma: Savelli.


Pagnotta, C. (2016). Situando los márgenes de la nación, los italianos en Ecuador (Siglos XIX-XX). Quito: Editorial Abya- Yala.

 


















 
 
 

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